jueves, agosto 21, 2014

SER JUGLAR O PRINCESA DURANTE UNA NOCHE Y ESCUCHAR CUENTOS. REPUBLICA CHECA


Había una vez en Césky Krumlov, una ciudad como de cuento de la República Checa, un antiguo colegio jesuita del siglo 16, tan hermoso que fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

Afortunadamente, el edificio sigue en pie y en la actualidad alberga a una de las más encantadoras estadías boutique de toda la región de la Bohemia checa: el Hotel Ruze Césky Krumlov.

El sitio, además de histórico, es ideal para quienes buscan fervorosamente hospedarse en un ambiente acogedor y lujoso; o bien, tener una experiencia romántica.

Arcos, grandes techos, frescos y pinturas aderezan las 70 habitaciones, salones y la gran terraza. Sin embargo, la razón que imanta a los viajeros es que ahí pueden revivir épocas pasadas.

¿Cómo pueden hacerlo? A través de una cena que transcurre entre la época medieval y la renacentista.

Todo inicia cuando los visitantes se dirigen hacia un gran salón para damas y otro para caballeros. En ambos, hay vestidos y trajes de diversos cortes, colores y tallas.

Los comensales se prueban el que más les llama la atención, ¿qué tal vestirse como un juglar o como todo un señor feudal? No, no, no... ser rey por una noche a nadie le cae mal.

Muchas eligen un vestido tipo batón para no sentirse abotargadas. Pero hay quienes, al querer verse como princesas, optan por un aterciopelado y ajustado ejemplar que las hace ver voluptuosas, aunque con la cintura estrangulada.

Antes de sentarse al festín, los convidados se toman una foto para recordar el idílico momento. El gran salón luce decorado con velas, una que otra armadura y fruteros recargados con manzanas, uvas y nectarinas.

La fusión de épocas se hace presente en todo momento. Un bufón, por ejemplo, le cede protagonismo a unos músicos que entonan notas renacentistas.

Un mago y hasta un saltimbanqui también aparecen entre las mesas. Cabe señalar que, dependiendo del grupo, el programa se realiza en checo, alemán o inglés.

Entre acto y acto, el tintineo causado por un sinfín de brindis es interrumpido por un desfile de ensaladas, quesos ahumados, jamones, cochinillo y hasta filetes de trucha y pollo frito.

Tras cerrar con broche de oro semejante comilona con pastelillos y aperitivos, surge la invitación para realizar un paseo nocturno por las retorcidas callejuelas de este encantador destino.

Historias lúgubres en torno a antiguas casonas y la promesa de despedir la noche en una taberna romántica o en la bodega del hotel para degustar el vino antiguo aguamiel, son motivos suficientes para rematar esta experiencia por este bellísimo rincón de la República Checa.
FUENTE: AM

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